Práctica 5. Entrevista a Roa Bastos
El 5 de noviembre de 1976 Joaquín Soler Serrano entrevistó a Augusto Roa Bastos (1917-2005) en su mítico programa A fondo, transmitido en TVE, en el que tantos otros personajes de distintos ámbitos –en especial del mundo de la cultura– se dieron a conocer a la sociedad española durante los años de la Transición.
Roa Bastos, uno de los escritores de mayor calado en la literatura hispanoamericana en el siglo XXI y, probablemente, la figura más relevante de las letras paraguayas, acudió a su encuentro con Soler Serrano dos años después de publicar Yo el supremo (1974), su obra maestra. Sin embargo, la entrevista no se centra en ella, sino que revisita la biografía y obra del autor desde sus inicios, marcados por la guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay y Bolivia por una porción de territorio aledaña al río Paraguay y supuestamente rica en petróleo. Este conflicto, en el que el escritor intervino en labores de enfermería con solo 15 años, condicionaría su obra futura, íntimamente ligada al pueblo paraguayo, su conflictiva realidad y sus raíces guaraníes. A dicha experiencia de juventud sucedería un viaje como reportero a Europa, lugar en el que presencia los bombardeos sobre Londres y realiza nuevas observaciones acerca del ser humano en situaciones de conflicto.
Más adelante, la convulsión política que sucede a la guerra del Chaco motiva, según cuenta él mismo, su huida del país en dirección a la vecina Argentina, ya como hombre de letras, tras haberse refugiado temporalmente en una embajada extranjera. Es en Buenos Aires, ciudad a la que queda vinculado como a ninguna otra, donde publica buena parte de su obra, conformada por libros de poemas y relatos, así como novelas siempre vinculadas a la realidad paraguaya y sus mitos, una relación que engarza plenamente con lo real maravilloso, etiqueta que pone en relación su obra con la de otros autores hispanoamericanos de su quinta.
Ese “halo mágico” que envuelve América es el telón de fondo de su literatura, un marco en el que “la realidad es lo maravilloso”, un escenario en el que el mito se funde con la historia. Sin embargo, su ambición literaria no se reduce a exponer dicho telón de fondo, sino a poner sobre las tablas la realidad de su país rehuyendo lo superficial para adentrarse en el análisis y reconstrucción de la historia, poniendo al pueblo frente a un espejo que le permita reconocer su “identidad perdida”. Es esta revisitación del pasado la que caracteriza su literatura desde Hijo de hombre (1960), en la que aborda la guerra que marcó su juventud, hasta Yo el supremo (1974), novela en la que disecciona la mente de José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador supremo del Paraguay entre 1814 y 1840.Como puede apreciarse, la fecha de publicación de ambas novelas coincide con el fenómeno editorial del boom latinoamericano, del que, pese a su evidente proximidad, se desmarca al rechazar la sobreexplotación que se hizo de la novela hispanoamericana durante los años 60 y 70. Sin embargo, ello no es óbice para el reconocimiento que hace de otros autores de su generación –Onetti, Borges, Carpenter, Rulfo, etc.–, tanto aquellos que alcanzaron el éxito editorial como los que no.
Curiosamente, al éxito sucede un silencio literario en los años 80 coincidiendo con su estancia en Francia antes de volver a Paraguay en los 90 una vez finalizada la dictadura del general Stroessner. Dicha interrupción en su actividad está marcada, en palabras del autor, por la reflexión acerca de dicha actividad, de la necesidad de “descender a sus abismos interiores” para analizarlos, proceso que concluye con su confirmación del oficio literario como “fuente de inquietudes”, como vía para la revelación que alcanzará el lector en el momento de la reconstrucción del texto.


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