MANUEL MUJICA LÁINEZ




Manuel Mujica Láinez, conocido como “Manucho”, fue definido por Jorge Luis Borges como un “viejo hidalgo virreinal”, poseedor de una palabra con una riqueza tan pictórica que funcionaba como la paleta de un pintor al describir paisajes y gentes. Su estilo literario se destacó por ser una de las prosas más refinadas de la literatura argentina, en la que convivía de forma natural la ironía, la ternura, la erudición y una constante presencia de lo sobrenatural y lo fantástico. Esta sensibilidad y su amor por la escritura nacieron en gran medida durante su infancia, tras un grave accidente a los cinco años que lo mantuvo postrado y lo convirtió en un niño mimado por un matriarcado de mujeres cultas: su madre y sus tías (Pepita, María, Marta). Estas cuatro mujeres lo nutrieron con cuentos tradicionales, leyendas familiares y conocimientos que iban desde la genealogía real hasta el simbolismo francés.

Proveniente de un ilustre linaje vinculado a los fundadores de Buenos Aires y a terratenientes que perdieron su fortuna pero conservaron el ingenio, Manucho completó su formación en París y Londres, donde dominó los clásicos franceses y los idiomas antes de regresar a Argentina. Aunque abandonó el Derecho, desarrolló una brillante carrera periodística en el diario La Nación. En su vida privada, se consideraba un apasionado de los objetos, llegando a afirmar que creía más en ellos que en los seres humanos. Esta pasión se materializó en su residencia cordobesa, “El Paraíso”, una quinta cargada de mística donde albergaba una biblioteca de 20.000 libros y piezas arqueológicas singulares, como una estela funeraria china del siglo XII que portaba una supuesta maldición.



                                                            (imagen generada por ChatGPT)


Su obra literaria es vasta y diversa, destacando la reconstrucción mitológica de la ciudad en Misterioso Buenos Aires y su famosa saga sobre la aristocracia porteña, que incluye títulos como Los ídolos y La casa. Su obra cumbre es Bomarzo, una ambiciosa reconstrucción del Renacimiento italiano que le valió reconocimiento internacional. Junto a El unicornio y El laberinto, esta novela forma un tríptico histórico que explora temas como la inmoralidad a través de diferentes épocas. A pesar de su fama de esnob y aristócrata, Manucho fue un hombre profundamente ligado a su tiempo, compartiendo con Borges un fuerte sentimiento antiperonista que les costó sus puestos oficiales. Se mantuvo siempre como un escritor disciplinado que redactaba rápidamente a mano por las mañanas para luego pasar sus textos a máquina.


                                                                         (Imagen generada por chatGPT)

Comentarios

Entradas populares